¿Sabes hablar en público?
17 Agosto, 2012 - No prestar atención a tus oyentes es uno de los errores más habituales
Tener poder de seducción se convierte en una codiciada habilidad a la hora de solventar una de las situaciones más engorrosas de la vida profesional: impartir una charla o conferencia. Ahora bien, esto no es suficiente. ¿Qué se necesita para meterse al auditorio en el bolsillo?
¿Cuántas veces te has sentido nervioso porque tenías que exponer los resultados de un informe ante tus compañeros de trabajo? ¿O defender un trabajo académico ante un tribunal formado por sesudos catedráticos? Aunque en estas situaciones los nervios forman parte del juego (son incluso necesarios, ya que ayudan a que parmanezcamos en alerta), en ningún momento deben empujarnos al miedo escénico, ya que eso restaría fuerza y eficacia en nuestra intervención.
No cabe duda de que controlar el nerviosismo merecería un post aparte. De momento, las líneas que siguen enumeran los fallos más recurrentes a la hora de hablar ante otras personas, a los que conviene prestar atención para no arruinar nuestra presentación.
- Ignorar a tu público. Es comprensible que, durante tu intervención, te preocupes de hacerlo lo mejor posible. Ahora bien: si te olvidas de tus oyentes, estás condenado al fracaso. No pierdas nunca el contacto visual con ellos, ya que por sus gestos notarás si muestran interés o si, por el contrario, hace rato que han puesto el "piloto automático".
- No utilizar el tono adecuado. Hay tener en cuenta a quién nos dirigimos. ¿Son nuestros profesores? ¿Son compañeros de trabajo? Y si es así, ¿de quién se trata (subordinados, directivos, trabajadores con un perfil sociocultural alto, etc.)? Adaptar el registro empleado a las necesidades de tu público es fundamental para que no decaiga su atención, para asegurarte de que te entenderán correctamente y, sobre todo, para que tu público no se sienta infravalorado (nunca intentes posicionarte por encima de ellos).
- Dedicar demasiado tiempo a comentarios humorísticos. Si bien un chiste al inicio de tu intervención puede contribuir a crear un ambiente más relajado y distendido, procura que éste no supera el medio minuto de duración.
- No controlar el tiempo. Es importante que prepares un guión sobre los puntos que tratarás. Si es necesario, muéstralos a tu público, ya que eso les ayudará a contextualizar mejor tus palabras. Asimismo, conviene que asignes a priori un tiempo de duración a cada bloque y que controles el tiempo que vas invirtendo, para evitar excederte y que al final te falten minutos para tratar todos los temas pendientes.
- No elegir el lugar adecuado. Aunque a veces este aspecto no está en tu mano, elegir un lugar ruidoso, oscuro o con una temperatura inadecuada puede echar a perder la exposición más brillante. En la medida de lo posible, no descuides estos aspectos.
- No utilizar elementos de apoyo. No incluir elementos multimedia, como tablas, diagramas o presentaciones con diapositivas (p.e., Power Point) restará interés a tu aportación. Si la ofimática es tu punto débil, recuerda que existen cursos que, además de mejorar tu formación, te pueden echar una mano en situaciones como ésta.


