No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

27 Agosto, 2009 - Procrastinación: Aplazar nuestras tareas hasta el último momento

En las tiras de Mafalda, el personaje de Felipe pasaba muchas tardes en su silla pensando en que tenía que hacer los deberes para el día siguiente, y eso le angustiaba. Para evitar esa angustia, imaginaba mil historias y excusas para ir aplazando las tareas escolares. Y al final, le tocaba hacer todo deprisa y corriendo, y tampoco había disfrutado plenamente de esa pausa en medio de sus deberes.

Como Felipe, todos sabemos que tenemos unas tareas para hacer en cada momento. Y muchas veces buscamos excusas para aplazar las tareas que no nos gustan y hacer otras más agradables. Dejamos lo importante para después. Es lo que se conoce como procrastinación: Aplazar la realización de nuestras tareas pendientes hasta el último momento. Como empezar comiendo la mejor parte de un plato de comida y dejar la que menos nos gusta para el final.

Nadie se libra de este “enemigo”: Afecta a todas las profesiones, aunque más a los trabajadores que llevan a cabo tareas creativas o que necesitan de una gran concentración. Y, aunque es necesario desconectar de nuestras tareas y relajarnos para rendir mejor, si esto se convierte en un hábito, siempre relegaremos tareas y proyectos muy importantes a favor de otros que no tienen tanto valor a la hora de cumplir nuestros objetivos.

¿Cómo vencer al enemigo?

  • Encuentra tus horarios ideales para ser más productivo, y haz que cada vez tengas más. No todo el mundo tiene el mismo dinamismo a primera hora de la mañana, hay gente que trabaja mejor a partir de una determinada hora. Pero el caso es que tenemos un horario que cumplir, y no podemos esperar a que nos caiga la inspiración del cielo. Todos los momentos deben servir para adelantar nuestras tareas.
  • Empieza a trabajar de una vez. A veces, llegar a nuestro puesto de trabajo no nos vale para empezar a trabajar: un café, repaso a la prensa, charlas sobre el fin de semana… Así, podemos perder mucho tiempo durante el día, y no poder salir a nuestra hora. Cuanto antes empieces, antes acabarás (por lo menos en lo que afecta a tus propias responsabilidades).
  • Planifica y administra las tareas de tus proyectos. ¿Has pensado en usar una agenda (de papel o digital) para temporalizar las cosas que tienes que hacer? Entiende bien el alcance de tu proyecto, todo lo que necesitas hacer, y empieza a “trocear” las tareas y a repartirlas, según prioridades, en tu agenda. Iremos de “misión” en “misión”, y completaremos grupos de acciones. Nos servirá para no asustarnos con el global del proyecto, pero al mismo tiempo para no perderlo de vista. Y para controlar nuestros progresos, nuestros pequeños pasos a lo largo del camino.
  • Primero, lo más complicado. Coge tu temporalización (semanal y diaria), y “ataca” primero lo que te reclame mayor exigencia. Así, cuando estés cansado y aún falte un rato para acabar tu jornada, te quedarán sólo esas tareas más rutinarias, o las que no necesitan de gran concentración.

La procrastinación no es lo mismo que la pereza. No se trata de que no tengamos ganas de hacer algo, sino que vamos posponiendo lo que tenemos que hacer, como acumulando cosas pendientes de resolver. No existen soluciones milagrosas a este problema, pero esforzarse, imponer nuestras propias prioridades y cumplirlas será lo más útil para nuestra salud mental y nuestro rendimiento profesional.

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