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10 Enero 2008

Las secuelas de la obesidad infantil

Con tan solo 40 años, niños y niñas que hoy padecen sobrepeso pueden tener patologías de 60.

La única solución para atenuar los efectos de la obesidad infantil es la prevención. Esta es la conclusión a la que llega la revista The New England Journal Of Medicine tras publicar dos estudios en los que se refleja la realidad de esta enfermedad que afecta a niños y mayores de todo el mundo. Según indican, las actuales tasas de obesidad infantil y juvenil tendrán graves consecuencias tanto en el ámbito social como en el de la salud pública.

Parece ser que el impacto real de esta epidemia aún tardará unos años en hacerse patente. A los 35 o 40 años, niños que hoy sufren los estragos del sobrepeso, podrán llegar a sufrir riesgos y complicaciones cardiovasculares propias de una persona de 60 años, o incluso mayor. David Ludwig, profesor de pediatría de la Universidad de Harvard y director del programa Optimal Weight for Life (Peso óptimo para toda la vida) en el Children´s Hospital de Boston, destaca que estamos ante el riesgo que el ataque al corazón se convierta en una enfermedad pediátrica.

Complicaciones como la diabetes de tipo 2 (tradicionalmente conocida como la del adulto) o el hígado graso, ya se están desarrollando en jóvenes que padecen sobrepeso. En EE.UU., uno de cada tres niños y adolescentes entra en esta clasificación. En España, la obesidad infantil ha pasado del 5% al 16% en tan solo 15 años. Las cifras son realmente alarmantes, y tal y como insisten los especialistas, la prevención es la mejor solución.

Los hábitos alimentarios empiezan a una edad muy temprana. Por este motivo es mucho más fácil prevenir este problema que intentar dar marcha atrás a sus efectos, una vez ya se han manifestado. Los especialistas destacan también como punto clave la práctica habitual de deporte, un acto muy saludable que ha quedado un poco apartado de la juventud actual, instalada en el sedentarismo.

Para los jóvenes que ya padecen esta enfermedad, es básico también hacer deporte, cambiar la dieta y acudir al médico con frecuencia para seguir de cerca su evolución.






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