Fiebre por cambiar de trabajo

12 Marzo, 2010 - ¿Qué síntomas te indican que debes tomar la pastilla “nuevo trabajo”?

Tu termómetro de satisfacción en el trabajo está a punto de explotar. Y no de gusto, sino todo lo contrario. No has hecho caso a tus ojeras, ni a que tus amigos te digan que estás irritable, ni a haber acabado en dos semanas con las reservas de pañuelos de papel. Estás haciendo ver que estás “sano”. Pero, ¿durante cuánto tiempo podrás seguir sin reconocer que estás enfermo en tu puesto de trabajo?

El asunto no está como para tomarse bajas médicas ni drásticas a nivel profesional. No le puedes decir al jefe “me voy, este trabajo me pone enfermo”. Y es antes de nada debes reconocer que necesitas un cambio laboral. Y después debes descubrir bien qué es lo que te pasa, y qué “tratamiento” deberías tomar para mejorar tu bienestar.

La máquina de café, que aunque no tiene autoridad médica, está muy pendiente de ti, te está investigando dentro y fuera de tu lugar de trabajo. Y ha encontrado unos síntomas que cualquiera identificaría como característicos del la enfermedad del “empleadus quemadus”. Incluso tus vecinos.

Reconócelo, necesitas cambiar de trabajo si:

  1. Ocultas a los demás, amigos y otros profesionales, dónde trabajas y qué haces. Y no por hacerte el interesante, como si fueras un agente doble. No te gusta lo que haces, y cada vez lo haces con más desgana.
  2. Aún no has encontrado una buena postura en la silla. Ni te acostumbras a tu mesa de trabajo. Y lo que es peor: te ves forzado a cumplir con tareas y funciones desde hace meses, quizás años. Sonríes al equipo cuando distribuís el trabajo, pero se te ve más falso que una moneda de 3 euros.
  3. No has conseguido integrarte en el grupo de trabajo. Se van a hacer el café sin ti, y tú tampoco tienes la iniciativa para acompañarles. Conversar con el interfono o la música de espera del proveedor no sustituye relaciones humanas.
  4. Se te hincha la venita del cuello y/o la de la frente en un intervalo superior al de la media nacional. Es decir, estás con ansiedad, angustia, todo se te hace cuesta arriba y no puedes controlar contestaciones algo fuera de lugar.
  5. Ríes y lloras a la vez cuando te dan la nómina. No sabes si es mejor o peor ponerle precio a lo que estás haciendo para sobrevivir día tras día.

Si estás en todos o en alguno de estos casos, asúmelo: no eres feliz en el trabajo. Cada día te cuesta más encontrar las cosas buenas e incluso intentas restarle importancia a todas las malas. ¿Te quieres convertir en una especie de fantasma en el trabajo? ¿Crees que lo mejor es pasar desapercibido y cumplir con lo mínimo?

¡Cambia de trabajo! No sólo te lo agradecerán tus amigos, sino también tu carrera laboral. Si estás a disgusto, no tendrás la motivación para asumir nuevas responsabilidad en tu puesto actual u optar por un ascenso. Hay muchos tratamientos para bajarte la fiebre y convertirte en un trabajador sano y apetecible por la competencia. Busca el tuyo en consejeros de cabecera y/o amigos habituales. No necesitas prescripción médica.


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