Esquiva a los peleones

1 Diciembre, 2008 - En el trabajo los sentimientos están a flor de piel, y que se organice una trifulca no es tan complicado.

Una mirada, un gesto, un comentario burlón, o ni siquiera eso, corregir a alguien en el momento equivocado, etc. Cualquier cosa puede hacer saltar la chispa que encienda la hoguera de una relación profesional. Y es que en el “curro” todos somos muy amigos (quizá no todos), y salimos a comer juntos, y vamos a la fiesta del uno o del otro... pero siempre pueden surgir los roces. ¿Por qué?

Una empresa la hacemos mucha gente, o no tantos, pero todos tenemos nuestro carácter, nuestras particularidades. Es inevitable que cuando se juntan tantas formas de ser distintas surjan conflictos entre ellas. Convivimos en un espacio limitado, y hay quienes son más dados a los encontronazos. Por eso, si somos de los peleones, tenemos que aprender a controlarnos, a moderar nuestros impulsos y reacciones. Y si no lo somos, tenemos que saber manejar la situación y entender cómo “torear” a los irascibles. Evita cualquier situación que pueda acabar en enfrentamiento.

También hay otros factores que influyen en la aparición de conflictos. En la empresa tratamos de dar lo mejor de nosotros mismos y todo lo que hacemos (nuestro trabajo) se juzga a diario. Esto nos pone los sentimientos a flor de piel y unas veces bien, otras no tanto, encajamos golpes de gente a la que ni siquiera conocemos. Evidentemente, llegan momentos en los que uno no puede más y explota. Es algo a tener en cuenta. Las situaciones duras requieren autocontrol.

Todo esto tiene algo bueno. Las peleas en el trabajo se ven venir, y además con tiempo de antelación. Si tenemos una buena capacidad de análisis quizá podremos evitar que se “monte un pollo” en el trabajo. Quizá gracias a nuestro ojo clínico, podremos parar a un compañero, un jefe, antes de que se lance a morder la yugular de otro camarada. O seremos capaces de evitar nosotros mismos al típico broncas que antes hemos nombrado.

Porque, sí, existen las personas con propensión a las peleas. Los que parece que siempre tienen ganas de discutir. Para poder evitarlos, lo primero que tenemos que hacer es entenderlos, entender a qué se debe su carácter. Y la fórmula que mueve a estas personas suele ser: inmadurez + inseguridad = irritabilidad. Así que ya sabes, estate atento. En la empresa, es mejor andar con pies de plomo.

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