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06 Agosto 2008

El síndrome de abstinencia del ejecutivo

Las vacaciones rompen la dinámica de unos profesionales que necesitan sentirse en activo.

Es tiempo de vacaciones y los top executive están de relax. O al menos eso intentan. La raza de los ejecutivos es inquieta, y tienen la necesidad de estar haciendo o gestionando cosas constantemente. Por eso es habitual que durante las vacaciones aparezca el típico síndrome de abstinencia de los ejecutivos. Miran constantemente el móvil, revisan sus emails y llaman a la oficina para saber cómo va todo. Realmente están enganchados a su trabajo.

“No es por el trabajo, es por mí”

Los ejecutivos son una especie distinta. Son diferentes. Ser ejecutivo requiere ciertas habilidades que se aprenden en las escuelas de negocios, pero también hay una parte que está dentro de cada persona. Ser ejecutivo también es tener una personalidad concreta, ser de una manera. Son activos, inquietos y dinámicos, y necesitan tener la situación siempre bajo control. Por eso les cuesta tanto despegarse de su trabajo cuando se van de vacaciones.

Durante los primeros días de ausencia de trabajo disfrutan del efecto desconexión que les produce el paro en su actividad. Y es algo muy saludable. Pero pasan los días y el no hacer nada hace mella en muchos de ellos. Un ejecutivo necesita acción, y por eso empiezan a aparecer los primeros síntomas del síndrome de abstinencia de los executive.

Es verdad que algunos ejecutivos logran desconectar por completo durante sus vacaciones. Se olvidan de su trabajo y sólo piensan en disfrutar del tiempo libre. Para los más inquietos, existen ejercicios que les mantienen en activo a la vez que descansan. Por ejemplo, aprovechar las calurosas tardes de verano para leer libros sobre management, empresa, finanzas o sobre cualquier otro sector. Así mantienen su mente en funcionamiento mientras disfrutan de un merecido descanso.

Los ejecutivos son así. Son diferentes. Por eso algunas personas ya saben cuál es su sitio incluso antes de empezar a formarse en un master. Dan el perfil de ejecutivo. Y cuando unen a su carácter los conocimientos especializados de un curso, se convierten en un “tiburón” de la gestión.






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