Educar a niños menores de 3 años: la clave del éxito

11 Junio, 2012 - Escuelas y guarderías deben prestar una especial atención a las necesidades afectivas de los pequeños

Desde su nacimiento y hasta los 3 años de edad, los niños viven las experiencias más importantes de su vida afectiva. Brindarles una educación adecuada durante esta etapa es fundamental para conseguir que desarrollen satisfactoriamente su personalidad.

Hasta hace pocas décadas, la responsabilidad del cuidado de los más pequeños recaía fundamentalmente en las madres o, en su defecto, en los familiares más próximos a los menores. Éstos no sólo atendían las necesidades básicas del bebé —alimentación, higiene, vestido, alimentación, etc.—, sino que establecían una estrecha relación emocional con él, ofreciéndole en todo momento cariño y protección, dos factores básicos para garantizar su bienestar.

Sin embargo, la incorporación de la mujer al mundo laboral y la diversificación de los modelos familiares ha dado la vuelta a la situación descrita. En efecto, la tradicional familia extensa, formada por abuelos, padres, tíos e hijos ha cedido el testigo a las familias nucleares —integradas exclusivamente por el matrimonio y los hijos—, así como unidades de convivencia monoparentales, motivadas en parte por la generalización de los procesos de separación y divorcio. Esta situación ha modificado sustancialmente las pautas para el cuidado de los niños. Dicho aspecto, debido a la falta de disponibilidad de los padres, se ha desplazado a instituciones ajenas a la famila, especialmente guarderías y escuelas.

Educar a niños menores de tres años la clave del éxito

En este nuevo marco educativo, no obstante, hay que tener en cuenta que el aspecto más importante continúa siendo el mundo emocional del pequeño, que necesita sentirse seguro, querido y protegido en el entorno educativo. En este sentido, conviene relativizar la importancia de adquirir conocimientos académicos a edades demasiado tempranas —que también la tiene—, y priorizar aquellas acciones que establezcan y desarrollen la vinculación emocional con los niños.

De hecho, no hay que perder de vista que, hasta los 3 años de edad, los menores vivirán los momentos más cruciales de su vida afectiva. Por este motivo, es fundamental que el adulto sepa captar las necesidades del bebé y responder a ellas con sensibilidad. De este modo, el pequeño irá confiando en sus educadores y ganará en seguridad y autoestima. Y para ello, conviene disponer de una buena formación, que proporcione a los docentes todas las herramientas para atender satisfactoriamente a los menores y orientar a los padres acerca de los desafíos que implica su educación.

En la actualidad, existen cursos especializados que, incluso, permiten prepararse para obtener el título oficial de FP en educación infantil, indispensable para aquellos que quieran trabajar con niños en centros educativos. Además, también existe la posibilidad de estudiar a distancia, lo que ayuda a combinar los estudios con la vida laboral.

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