¿Qué tipo de jefe querrás ser?

1 Octubre, 2008 - La actitud de un jefe es clave para el funcionamiento de la empresa.

Cuando alguien se matricula en un master en dirección y gestión de empresas, por su cabeza suele rondar una idea muy concreta: quiere ser el jefe. Le gustaría estar al mando de las operaciones de una empresa y por eso se apunta, para aprender a dominar todos los factores que afectan al puesto del líder. El problema es que en algunos casos se llega a la cima tan rápidamente que se es incapaz de analizar los propios actos, y de determinar qué rol se está desempeñando en la empresa. Sin casi poder apreciarlo, uno se convierte en un jefe que trabaja y actúa de una forma muy determinada, y muchas veces ésta no es la más adecuada.

Los jefes pueden llegar a trabajar de formas muy distintas, cada cual con su método. Pero a todos les unen puntos en común. A raíz de las muchas similitudes que existen entre los diferentes directivos, se pueden crear unos pocos perfiles tipo. Y esto es lo que Abantia Group -una consultoría de operaciones- refleja en uno de sus informes: los diferentes tipos de líder que se mueven por las empresas.

Conociendo de antemano estos distintos perfiles, será mucho más sencillo apreciar cuál es nuestra evolución como jefe de una compañía.

1. El Superman: Es el número uno, el directivo perfecto. Es proactivo, sabe planificar las tareas y además distribuye correctamente las responsabilidades. Incluso es capaz de impartir formación cuando es necesario.

2. El manitas: Sabe solucionar todo tipo de tareas y problemas, pero se implica de tal forma en todos los proyectos que pierde eficiencia y productividad en aspectos que realmente sí le conciernen. Le cuesta delegar y formar a sus subordinados. El informe detalla que así son la mitad de los jefes.

3. El bombero: Es un apagafuegos. Suele aparecer cuando las situaciones ya están al límite. El resto del tiempo permanece inactivo. También abundan en las empresas.

4. El burócrata: Le gusta demasiado el papeleo, y pasa la mayor parte de su tiempo cumplimentando informes, por lo que pierde fuerza en otras áreas.

5. El cansado: Después de muchos años en el puesto, es fácil perder la motivación. Llega a ser improductivo y en ocasiones, un mal compañero.

Llegar a ser el jefe de una compañía no es fácil, pero mucho menos lo es mantenerse en el puesto desempeñando siempre el papel de “superlíder”. Tenemos que hacer un esfuerzo enorme para estar siempre al 100% y no perder la motivación en ningún momento, y también analizar año tras año cada paso que damos, seguir nuestra evolución. Si somos capaces de determinar en qué tipo de jefe nos estamos convirtiendo, seguro que será mucho más sencillo corregir el rumbo y solucionar nuestros puntos débiles como directivos al frente de una empresa.

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